Espacio informativo especializado en temas ambientales, desarrollo sostenible, responsabilidad social y turismo sostenible.
viernes, 1 de enero de 2010
"El tiempo es hoy"
Recibí un correo de un amigo biólogo. Me había mandado un link con un video relacionado al cambio climático. Comparto con ustedes esta producción nacional que la vengo escuchando por Radio Programas del Perú. Ojalá los demás medios de comunicación se sumen a esta difusión de cambio. Disfrutemos del video!!!
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domingo, 27 de diciembre de 2009
Las melodías de Huarapal al norte del Perú
CATARATAS AÚN SE CONSERVAN PARA LA HUMANIDAD
A más de 30º C de temperatura, conviven mariposas multicolores, peces como el sabalillo en pozas naturales y entre los árboles destaca el gran ceibo celosamente protegido.
Texto y fotos: Sonia Ramos Baldárrago
Internarse en un bosque no es una decisión rutinaria. Menos si el viaje compromete casi dos días aplastado en el asiento de un bus. Pero la ruta ya está propuesta. Salimos desde Arequipa a Lima y de aquí al día siguiente de haber llegado compramos el pasaje a Tumbes para no apagar el fuego de la aventura.
Llego al norte del Perú no sólo como periodista, sino esta vez como guardaparque voluntaria –quizá por única vez-. Sin más espera el Blgo. Jorge Leal Pinedo, coordinador del componente Proyecto Integral Araucaria XXI de la Reserva Biosfera del Noroeste decide enviarme a Angostura.
Desde la ciudad de Tumbes hasta este puesto de control viajamos más de 45 minutos en camioneta. El camino es agreste. El mareo es soportable con una pastilla. He resistido baches y el vehículo pasó salpicando agua por riachuelos. Al final de una cuesta hemos llegado.
Me quedo sola. Espero a don Enrique Atoche, guardaparque oficial de Angostura. Mientras la camioneta parte, sólo escucho a aves como los chilalos, soñas y de pecho rojo fosforescente, putillas machos saltarines de rama en rama. Al frente frondosos árboles me advierten de esta travesía.
Escucho llegar una moto. Es don Enrique. Nos saludamos y nos vamos hacia Huarapal. Aunque pudimos irnos a pie, el Sol, nos acobarda y la moto empieza a correr sobre el paisaje pedregoso.
Nos alejamos 9 kilómetros del centro poblado de Angostura, perteneciente al caserío de Cabuyal, dentro del distrito de Pampas de Hospital de Tumbes. Estamos en un bosque seco pero siempre vivo hasta ahora por sus poderosas raíces que absorben agua de la profundidad de la tierra.
Los de arriba y los de abajo nos observan
El popurrí de aves pequeñas y grandes me distrae. Por ramas desnudas y otras abrigadas por hojas verdes, veo a chiclones, negrillos y urracas bullangueras. “Estas aves son mañosas. Te ven, hacen escándalo y se esconden”, me dice sonriente don Enrique. Iluminados tal vez por suerte vimos por segundos a un huanchaco, mamífero similar a una rata trepado en un algarrobo.
Árboles como el ceibo, polo polo, pasayo, angolo, higuerón, huachapelí, limoncillo, chahuano y barbasco por ejemplo se aprecian en el recorrido. Estas especies sobreviven por la protección de los guardaparques a cargo del SERNAP (Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas), que resulta insuficiente cuando el objetivo de manos negras es conseguir buena madera ilegalmente.
Al menos sabemos que se monitorea el bosque, evaluando una hectárea donde por mes se verifica el crecimiento de tres de cada especie, considerando desde la presencia de hojas hasta su fruto.
Nos restan quince minutos. Don Enrique frena la moto. Bajamos en un riachuelo donde pronto veo mariposas azules al tamaño de mi puño. Un poco más pequeñas se posan sobre unas piedras húmedas otras de color amarillo. Tienen sed como nosotros. Y junto a ellas cigüeñuelas de parada elegante.
Mojados y con agua chorreando por el cuello empezamos la caminata. Escucho un canto. ¡Es un grillo!, pero el guardapaque me corrige y me guía hasta su origen. Debajo de una roca que se rosa con el agua del cauce cristalino, hallamos un diminuto sapito de color verde encendido. Al agacharnos, siento temor. Las hormigas herreras están ahí. Son más grandes de las que conozco, pero no me harán daño si no las enfurezco.
Empiezo a sentir una caída de agua y se asoman las cataratas de Huarapal. Don Bartolo Mauriola Cocha, poblador del lugar me había hablado del lugar. Hasta aquí llegan más de 40 turistas por semana. Las visitas no son para menos.
Las cataratas en plural es por sus dos niveles. Cada uno de dos a tres metros de altura con una profundidad de más de un metro. Este es el lugar ideal para bañarse al desnudo sin sonrojos, junto a los sabalillos y mojarras- peces que brillan como plata en esta agua bendita.
A más de 30º C de temperatura, conviven mariposas multicolores, peces como el sabalillo en pozas naturales y entre los árboles destaca el gran ceibo celosamente protegido.
Texto y fotos: Sonia Ramos Baldárrago
Internarse en un bosque no es una decisión rutinaria. Menos si el viaje compromete casi dos días aplastado en el asiento de un bus. Pero la ruta ya está propuesta. Salimos desde Arequipa a Lima y de aquí al día siguiente de haber llegado compramos el pasaje a Tumbes para no apagar el fuego de la aventura.
Llego al norte del Perú no sólo como periodista, sino esta vez como guardaparque voluntaria –quizá por única vez-. Sin más espera el Blgo. Jorge Leal Pinedo, coordinador del componente Proyecto Integral Araucaria XXI de la Reserva Biosfera del Noroeste decide enviarme a Angostura.
Desde la ciudad de Tumbes hasta este puesto de control viajamos más de 45 minutos en camioneta. El camino es agreste. El mareo es soportable con una pastilla. He resistido baches y el vehículo pasó salpicando agua por riachuelos. Al final de una cuesta hemos llegado.
Me quedo sola. Espero a don Enrique Atoche, guardaparque oficial de Angostura. Mientras la camioneta parte, sólo escucho a aves como los chilalos, soñas y de pecho rojo fosforescente, putillas machos saltarines de rama en rama. Al frente frondosos árboles me advierten de esta travesía.
Escucho llegar una moto. Es don Enrique. Nos saludamos y nos vamos hacia Huarapal. Aunque pudimos irnos a pie, el Sol, nos acobarda y la moto empieza a correr sobre el paisaje pedregoso.
Nos alejamos 9 kilómetros del centro poblado de Angostura, perteneciente al caserío de Cabuyal, dentro del distrito de Pampas de Hospital de Tumbes. Estamos en un bosque seco pero siempre vivo hasta ahora por sus poderosas raíces que absorben agua de la profundidad de la tierra.
Los de arriba y los de abajo nos observan
El popurrí de aves pequeñas y grandes me distrae. Por ramas desnudas y otras abrigadas por hojas verdes, veo a chiclones, negrillos y urracas bullangueras. “Estas aves son mañosas. Te ven, hacen escándalo y se esconden”, me dice sonriente don Enrique. Iluminados tal vez por suerte vimos por segundos a un huanchaco, mamífero similar a una rata trepado en un algarrobo.
Árboles como el ceibo, polo polo, pasayo, angolo, higuerón, huachapelí, limoncillo, chahuano y barbasco por ejemplo se aprecian en el recorrido. Estas especies sobreviven por la protección de los guardaparques a cargo del SERNAP (Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas), que resulta insuficiente cuando el objetivo de manos negras es conseguir buena madera ilegalmente.
Al menos sabemos que se monitorea el bosque, evaluando una hectárea donde por mes se verifica el crecimiento de tres de cada especie, considerando desde la presencia de hojas hasta su fruto.
Nos restan quince minutos. Don Enrique frena la moto. Bajamos en un riachuelo donde pronto veo mariposas azules al tamaño de mi puño. Un poco más pequeñas se posan sobre unas piedras húmedas otras de color amarillo. Tienen sed como nosotros. Y junto a ellas cigüeñuelas de parada elegante.
Mojados y con agua chorreando por el cuello empezamos la caminata. Escucho un canto. ¡Es un grillo!, pero el guardapaque me corrige y me guía hasta su origen. Debajo de una roca que se rosa con el agua del cauce cristalino, hallamos un diminuto sapito de color verde encendido. Al agacharnos, siento temor. Las hormigas herreras están ahí. Son más grandes de las que conozco, pero no me harán daño si no las enfurezco.
Empiezo a sentir una caída de agua y se asoman las cataratas de Huarapal. Don Bartolo Mauriola Cocha, poblador del lugar me había hablado del lugar. Hasta aquí llegan más de 40 turistas por semana. Las visitas no son para menos.
Las cataratas en plural es por sus dos niveles. Cada uno de dos a tres metros de altura con una profundidad de más de un metro. Este es el lugar ideal para bañarse al desnudo sin sonrojos, junto a los sabalillos y mojarras- peces que brillan como plata en esta agua bendita.
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