Angostura, encuentro de colores en Tumbes (Especial fotográfico)

Puede ser que un día amanezcas con ganas de hacer una locura. Irte lejos de casa sin saber lo que pasará en el camino. Buscar una excusa y aunque la mía no tuvo nombre definido, la excusa me valió para llegar hasta el Parque Nacional Cerros de Amotape. Esta fue la ruta más larga emprendida lejos de casa. 

En este especial comparto el primer encuentro con el Parque instalada en el puesto de control de Angostura.

Desde que se sube a la camioneta se debe estar atento. A mirar. A esperar paciente un ave u otra especie del camino de grandes árboles con suelo regado de hojas secas cuyo poder sigo pensando es relajar a sus visitantes. Ser guardaparque no es fácil. Es entender los problemas locales, es aprender a evaluar si el bosque se está reforestando adecuadamente.


Es hablar con las aves, como habla Enrique Atoche, quien con un típico silvido acerca a las urracas y logra que se bajen desde las copas más altas de los árboles. En este caserío es posible planificar una caminata hasta la quebrada de Huarapal, donde un chorro de agua fresca apaga los incendios corporales del propio clima. Se entiende que los niños y jóvenes desean cambios. Hacen lo posible por estudiar y no dejar de trabajar en la chacra, que les dio el sustento para su vida, como Yaco, un chico adolescente de 15 años que vivía feliz en Angostura.

Su vida transcurría del colegio a su casa. Tenía que caminar 5 horas para llegar a su centro de estudios si no encontraba una moto a las 5:30 am. Llegaba sudado a las 4:00 pm a su hogar. Almorzaba y luego debía irse a la chacra para resolver todos los pendientes que le encomendaban sus padres. En toda su sencillez amaba su agua, sus flores, sus frutos, pero lo que no sabía era por qué el suelo se partía literalmente. "No sabemos por qué se agrieta" me decía. Y eso ocurre muchas veces por la erosión. Nunca lo vi triste. Y reflexionaba que la felicidad puede darse en cualquiera de sus formas.

Lo que Yaco no sabe mucho es de si todos sus recursos durarán para siempre. Si sus algarrobos le darán la sombra fresca mientras camina a su chacra y es que a pesar de que sus pocos habitantes usan sosteniblemente sus recursos naturales, es necesario que se les comparta conocimientos de la importancia de su área natural y como deben seguir usando sus recursos, los que deben quedar como herencia para los futuros habitantes.

Es necesario poner énfasis en los problemas que también se enfrentan en esta zona como la tala ilegal, donde sus habitantes empezaron a asumir el control voluntario de personas ajenas al Parque. Es necesario emprender iniciativas de formación a los jóvenes como Yaco, quienes podrían convertirse y capacitarse en guías turísticos especializados para que así sigan recibiendo y dando lo mejor de su naturaleza.