Reportaje: CHIGUATA, donde los fuertes se quedan para cosechar el alimento de la vida (audio) - PARTE III

"Este audio es parte de una serie radiofónica producida dentro del marco del Año Internacional de los suelos. Su  producción ha sido  posible gracias a  la  Asociación Mundial de Radios Comunitarias en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que celebra su 70 aniversario en 2015".

Reportaje difundido por radio Yaraví de Arequipa.

Mientras seguimos acompañando a don Richard en su chacra donde ya sembró alverjas, nos confiesa que en su mejor época sacó por un topo 45 sacos de 100 kilos de alverja cada uno. En marzo el mercado es atractivo con esta cantidad. “Ahorita por ejemplo si usted tendría alverja un saco le valdría 300 soles, lo cual es un buen precio”, dice.

En búsqueda de la ganancia económica, cada kilo de arveja lo venden a dos nuevos soles. Pero ¿cuánto invierte un solo agricultor? ¿Gana o pierde? Richard Benavente, gasta por topo unos 300 nuevos soles en abono sumado a la mano de obra. Para una pampa el costo sube, entre 800 a mil soles la guaneada (echar guano).

Al año, por cada topo se paga un derecho de agua equivalente a 35 nuevos soles. A ello se suma el costo del camallo (el hombre que riega) que al año percibe 300 soles por un topo, si aumenta el riego por topos aumenta su ingreso a más de mil soles. Si es por hora, el costo es 25 nuevos soles.
Cada litro de insecticida puede costar 80 nuevos soles para combatir la polilla por ejemplo.

“Tenemos el dorsán, el trolla, el galgotrín. Son venenos un poco fuertes que eliminan esas plagas volando, pero quedan los huevos, las larvas y hay que repetir las dosis a la semana, a los 8 días, 10 días”, menciona Richard. Cuando toca la cosecha, el jornal de una mujer que recoge los sacos del producto cobra 40 nuevos soles.


En Chiguata, un 60% todavía utiliza la yunta, herramienta del campo para arar la tierra conformada por dos toros, jalada por el gañán (hombre encargado de la faena). Por cada topo el uso de la yunta cuesta 160 nuevos soles, pero depende de la actividad.  “Antes la yunta era barata. Por decir un topo no pasaba de 20 soles, 30 soles y la gente  se ayudaba. La yunta ahora se cobran 150, 160, 180, tierras blanquitas”, explica don Thomás Soncco de Cachamarca.

El consumo de productos agrícolas para la casa es mínimo. Richard Benavente lleva dos kilos de alverja a la casa, muy poca verdura porque se malogra, más bien puede guardarse unos 100 kilos de papas que tiene más resistencia.

Entonces ¿es rentable vivir del suelo agrícola? “Hay que tener mucha suerte, que nos acompañe el clima, la lluvia, que haya agua y también agarrar precios para los productos, porque cuando uno siembra y todo está barato se va en quiebra, pierde su capital, pierde sus semillas, ya no le da ganas de seguir cultivando. Para darse una buena comodidad con la agricultura le diría que no es”, argumenta Richard Benavente, quien le dedica el 100% a su tierra.

“Generalmente en el día de 7 a 6 de la tarde, le dedico todo el día. Aparte los días que uno tiene agua de noche. A veces tengo agua 2 de la mañana, 8 de la noche hasta las 12 de la noche”, añade.

Los fuertes
Antonia Méndez de Flores a sus 79 años aún vive de la tierra. “Ahora siembro maíz, lo cosecho, lo desgrano y eso siembro. Ahora como mi esposo no tiene fuerzas, ni yo tampoco, hemos sembrado alfalfa”.De cada cosecha saca 8 sacos de maíz y se separa dos para su consumo. “El saquito de maíz, pesa 40 kilos, 30 kilos, 38 kilos”.

- ¿Y cuánto lo vende usted?, indagamos.
 -A veces tres soles cincuenta, dos soles cincuenta”, responde.

El rol de la mujer también es importante. En un escarbo de papas, el hombre escarba y la mujer recoge. En el sector de Cachamarca a las 7 de la mañana ya es común verlas, limpiando la tierra de la mala hierba de a dos o cuatro mujeres en cada topo.

Se dedican a rapiar (limpiar para que el terreno esté limpio). A sembrar, a plantar cebollas, a plantar ajos, a sembrar papas. Los Hombres van lampeando (removiendo la tierra).

En Chiguata toda la tierra es fértil. Cerca de la plaza principal del distrito, vive doña Antonia Méndez y su esposo Felipe Flores, quienes vieron con buen ojo la tierra al lado de su propia casa. La arreglaron con guano de corral y lo convirtieron en un vivero.

“Aquí hay cebolla, apio, acelga, lechuga, hierba buena, perejil, chinchuchus, huacatay, orégano, flores, geranio”, muestra con alegría doña Antonia quien se queda en la puerta por el dolor de su rodilla. “Cuando viene mi yerno se ríe de la lampa, acá tiene todo mi mamá”, cuenta mientras sus ojos brillan como dos luceros de una noche brillosa.

“Con la acelga preparo saltadito con sus papitas, a veces carnecita, sino con huevo. A veces me pico me preparo torreja con su queso y la acelga. ¡Ahorro pue siquiera eso!”, cuenta.

-Aquí hay pallar, cuenta don Felipe quien ya llegó a la casa para el almuerzo.
- ¿Le gusta a usted?, preguntamos
-Por supuesto. Lo que no da, es lo que no se siembra.

“Aquí  regamos cada 5 días, cada 6 días. Hay harto ají chico, ya está floreando, ya tiene rocotitos, chinchuchos también, es un ajicito así pero picaaa”, advierte risueño.

Si la tierra y su gente están en este contexto, ¿cuál fue el momento más crítico para la agricultura en Chiguata? “Considero que en estos momentos es el momento más crítico, uno por el abandono que están haciendo de sus chacras, de sus andenerías por buscar mejores recursos y el otro lado es la sequía que si bien es cierto está lloviendo, pero no ha llovido a su tiempo”, responde el alcalde Gregorio Corrales.

En busca de más respuestas, llegamos hasta Cachamarca, anexo de Chiguata. Su nombre es de origen quechua que significa: cachi: sal y marca: porque allí marcaban la sal que iba de Salinas a Arequipa. Este pueblo de andenes se quedó con 10 familias en la época de la reforma agraria aplicada en la década de los sesenta a setenta. Se fueron a la irrigación de la Joya y San Camilo. Hoy solo existen 3 familias, como cuenta don Thomás Soncco, que es otro de los pocos agricultores netos de Chiguata. Cuando llegamos a su casa fue anecdótico.

-Hoy día cumplo 80 años, dice.
-¿Hoy día cumple usted 80?, preguntamos.
-Hoy día 7 ¡muchas gracias!, exclama.
-¡Felicidades!”, le decimos mientras le damos un fuerte abrazo.

Mientras hacemos una pausa y retornamos al tema, nos va quedando claro que la agricultura en Chiguata ya no se hereda. “En un lapso de 30 años hay pueblos que están quedando abandonados como el anexo de Cari Cari, donde yo lo conocí hace 30 año atrás, pero había una población de 70 familias, pero si ahora vamos habrán unas 20 familias y todos ancianos y se siente la migración”, sentencia don Thomás.

Y es que tampoco se invierte en investigación. 

¿No hay una evaluación de cómo está la tierra a través de los años?, preguntamos al alcalde Gregorio Corrales. -No, responde. ¿Usted sabe qué plagas por ejemplo atacan a la tierra antes de las lluvias, después de las lluvias?, volvemos a preguntar. –No, repite la misma respuesta. “Eso me significaría contratar agrónomos, personal que se dedique a esos trabajos. Por eso es algo discutible. Nuestra ley que nos rige a las municipalidad, toda es una sola a nivel nacional, osea yo tengo que cumplir mis obligaciones tanto como la municipalidad San Isidro, de Lince en Lima y eso no es posible”, explica con impotencia.

La tierra de Chiguata continuará allí. Lo que no sabemos es que si al retornar continuará la misma gente que encontramos en medio de fiestas y jornadas de sudor a golpe de lampa y esfuerzo.