Especial: manos de la conservación y de la restauración en Arequipa-Parte III



Y así como la delicada tarea de restaurar pintura mural, ha sido necesario explorar la restauración de la estructura arquitectónica de los monumentos que no resistieron a los sismos o terremotos en Arequipa.

Uno de los especialistas en restauración arquitectónica, es el Arquitecto Carlos Gallegos Esquivias, quien se inicia en esta profesión en el año 1998. La bóveda de la iglesia de Santa Teresa, representa una de sus intervenciones más importantes. “Se aplastó toda la implementería de la bóveda que es la sillería que está formando el cañón de la bóveda. Cuando este análisis se hizo se determinó -porque la experiencia nos lo indica- que tenía que desmontarse la bóveda que había perdido la geometría y volverla a armar. Eso es un trabajo titánico y faraónico. Es altamente delicado y peligroso”, explica dentro de las instalaciones de la iglesia.

El proyecto consistió en desmontar las bóvedas, volver a armar una simbra, volver a colocar la implementería de todas las piezas de sillar. De la obra entregada un 4 de abril del 2004 quedó  una huella o mancha de color amarilla en toda la zona de donde se retiraron y se volvieron a montar las piezas de sillar. “Esto se hizo en el 2004. Han pasado 10 años y aún la mancha no desaparece pero va a desaparecer y tomará un color crema que es el del sillar de esta bóveda”, explica Carlos Gallegos.

El sillar empleado proviene de las canteras de Añashuayco. Para el arquitecto Carlos cada intervención no debe ser reversible sino resistente en el tiempo. “El levantamiento que se ha hecho va a evitar -de eso si estamos seguros- que en un evento sísmico de mayor potencia, fuerza o magnitud del que hubo en el 2001, el daño en el templo sea menor”, remarca.

El campanario presentó daños, pese a que fue intervenido luego del terremoto de 1979. Comenta que no le ayudó absolutamente en nada al campanario la intervención que se hizo, porque la estructura de concreto que le habían puesto en el año 82 aproximadamente, había golpeado a la estructura de sillería que existía, entonces esos golpes habían hecho que el campanario se desplace y pierda su geometría.

“Se han vuelto a  colocar las celosillas de los arcos, porque las madres por ser este un monasterio de clausura cuando pasa la procesión del señor de los Milagros, cuando hay el domingo de resurrección o algún evento de alegría católica y religiosa, las madres suben a tocar las campanas”, expone mientras señala las zonas descritas.

También quedan aprendizajes luego de los terremotos de 1958 y del 60. Pero la mayor lección viene de aquellas personas que construyeron y cuidaron las obras arquitectónicas, pero también de las que destruyeron.

Dependerá de los centros de enseñanza de Arequipa, donde  se formen nuevas generaciones de restauradores en arquitectura. “En la época que yo estudié había un libro que se llamaba Taller de Restauración, que ahora espero que no sólo en la San Agustín,  sino en todas las universidades, sea un curso totalmente obligatorio”, añade el Arquitecto Carlos optimista.

Un dato a resaltar es que la arquitectura del muro de sillar o muro de cajón, continuó por lo menos unos 30 años más, luego del terremoto de 1868. Gallegos Esquivias, recuerda que uno de los materiales que cambia el concepto de la forma tradicional de construir es la invención del cemento. En el Perú y en Arequipa a partir del año 40 ó 50 se compraba, se importaba cemento americano de Estados Unidos y cemento inglés, entonces empezaron a experimentar una nueva construcción.


Cada recinto obra civil privada o pública contiene un detalle arquitectónico irrepetible y genuino. “Por eso es tan rico el Centro Histórico y por eso ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad”. Pero como dice el especialista en restauración arquitectónica, si todos hubieran cuidado, Arequipa hubiera tenido más muestras de arquitectura en sitios alejados.